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Tuve una vida muy azarosa y realmente fue digna de ser novelada. Hubo múltiples episodios propicios para la narrativa. Imaginaos aquel joven señor de apenas 20 años que en 1853, al escuchar mi obra para piano más afamada, se quedó dormido. La obra de la que hablo se la dediqué a un compositor que falleció en un manicomio menos de un lustro más tarde, ¡pobre mío! Ya él me había dedicado otra enorme obra. Viajé mucho por toda Europa hasta que un día me cansé y me dediqué a la dirección musical y a dirigir la orquesta de este lugar. Fue muy relevante para que sacara la cabeza el compositor más importante de óperas alemanas. ¡Qué disgusto familiar precisamente tuve con esta última persona, porque no esperaba que mi hija abandonara a su marido, a la sazón el pianista que había estrenado mi gran obra de la que antes hablé. Podéis verlo: un episodio tras otro. Y en amores fui fecundo; y también siempre mostré mi fe inquebrantable en la divinidad, e y mi preocupación por su otra cara, lo demoníaco en varias obras. Para acercarme más a vosotros os diré que en Sevilla estuve tocando el 19 de diciembre de 1844 en el Teatro Principal de esta ciudad. ¡Qué sorpresa todo!, ¿verdad?

Sabrías contestar a las siguientes preguntas en torno a mi vida o, si lo prefieres, redactar el texto anterior poniendo los datos que faltan.

  • ¿Qué joven compositor se quedó dormido al escuchar mi gran obra?
  • ¿Qué obra interpreté ante su sueño?
  • ¿A quién dediqué esta obra?
  • ¿Qué obra me había dedicado el dedicatario de mi gran obra?
  • ¿En qué lugar tuve gran importancia como director musical y de oruqesta?
  • ¿A qué compositor de ópera alemana me refiero?
  • ¿Por qué le ayudé?
  • ¿De qué disgusto familiar hablo respecto a mi hija?
  • ¿Quién era el marido de mi hija?
  • ¿Qué dos grandes pasiones amorosas tuve?
  • ¿Qué acercamiento tuve a la divinidad?
  • ¿Sabes al menos una de mis obras pianísticas relacionadas con lo demoníaco?