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Nos encontramos en Rusia, en la noche de Navidad de 1874. Piotr Ilich Chaikovski mantuvo un interesante encuentro con el pianista ruso Nikolái Rubinstein, hermano del también gran pianista del momento: Anton. Ambos hermanos fueron figuras capitales en el nacimiento de la escuela rusa de piano, ya que Anton fundó el Conservatorio de San Petersburgo y Nikolái el de Moscú.

Chaikovski acababa de finalizar la composición del concierto para piano y orquesta nº 1, obra actualmente crucial dentro del repertorio para este género. Le presentaba la obra a Nikolái, ya que se trataba del pianista elegido para el estreno. El compositor tocó ininterrumpidamente el primer movimiento de la obra y al acabar apenas encontró respuesta de Nikolái Rubinstein, quien permaneció impertérrito. Con un Chaikovski interrogante, Nikolái espetó: “Es una obra repugnante e inejecutable”.

Chaikovski, desconcertado e iracundo, comenzó la interpretación del resto del concierto hasta el final. Sentía gran ofuscación por el silencio y la posterior reprobación de Nikolái. Rubinstein le dijo al finalizar: “No debes molestarte en reelaborar la pieza, ya que es inabordable”.

Tras la escena de ingrato recuerdo para Chaikovski, el compositor ofreció el estreno de la pieza al pianista alemán Hans von Bülow, quien aceptó el encargo gustosamente y se convirtió además en el dedicatario de la obra. Bülow, pianista discípulo de Franz Liszt y gran especialista en la obra de Beethoven (primer intérprete que llevó a concierto público el conjunto de las 32 sonatas para piano del compositor de Bonn) realizó el estreno en Boston en 1875 con gran éxito y se ha convertido en una de las piedras de toque del repertorio pianístico. En descargo de Rubinstein conviene decir que el compositor realizó notables modificaciones en la pieza, pero evidentemente la reelaboración era muy posible, hasta el punto de convertirse en una de las obras más conocidas e interpretadas.

En relación a este encuentro, Chaikovski escribió en una carta lo siguiente: “Yo no sólo estaba estupefacto, sino afligido por toda esta escena. No soy un muchacho obtuso que comienza a hacer sus primeras tentativas de composición; no tengo necesidad de enseñanzas de nadie, sobre todo si se me dan en ese tono áspero y hostil. De lo que tengo y tendré siempre necesidad es de sugerencias amistosas, pero aquello nada tenía que ver con sugerencias amistosas”.

Dejamos una versión del mítico pianista Van Cliburn, quien también posee un episodio interesantísimo en torno a este concierto de Chaikovski. Pero eso ya es otra historia.