Etiquetas

, , , , , , , ,

Vamos a hablar a continuación del panorama pianístico del romanticismo español en compositores nacidos antes de 1850. Ya en su día escribimos sobre la irrupción de la técnica romántica en España y sobre las diferentes líneas pianísticas de interpretación en el siglo XIX en España que florecieron a partir de Pedro Pérez Albéniz y el nacimiento del primer conservatorio en Madrid. La casi totalidad de compositores-pianistas del momento se marchaban a Londres y a París en su periodo de formación y allí entraban en contacto con las celebridades del momento. Los cinco compositores que abordamos así lo hicieron, incorporando al acervo musical de España aspectos de Chopin, Liszt, Moscheles, Mendelssohn, etc.

Santiago de Masarnau (1805-1882) fue un músico de amplia formación humanística. Estudió piano en Londres con Cramer y después se establecióen París en 1838, ciudad en la que tuvo amistades como Chopin, Rossini, Bellini, etc. En la capital francesa entró en contacto con la congregación de San Vicente de Paúl, circunstancia que fue muy relevante en su vida al ser fundador en España en 1849 de esta orden.

La obra pianística de Masarnau pertenece a su primer periodo (antes de 1843), ya que a partir de este momento sólo se dedicó a la creación de obras religiosas. Desempeñó tareas de crítico musical y organizador de conciertos, así como recopiló piezas de compositores europeos (Haydn, Beethoven, Weber, Mendelssohn, etc.) en “El tesoro de los pianistas” con la consiguiente labor de difusión de estos compositores. Junto a obras como “Trois morceaux expresiffs” o el nocturno “Idée fixe” (con clara alusión a Berlioz), destaca su aproximación a melodías populares en “Tres aires característicos de danzas nacionales españolas” (Boleras, Tirana, Manchegas), “Dos aires característicos” (Polo y Zapateado), etc.

El coruñés Marcial del Adalid (1826-1881) creció en una familia burguesa con preocupaciones culturales. Sus antepasados tenían una extraordinaria pinacoteca y fueron partícipes de la fundación de la Sociedad Filarmónica de La Coruña. Adalid estudió en Londres con Moscheles (1840-1844) y posteriormente recibió posiblemente consejos de Liszt en París. No obstante, sería Frederic Chopin quien mayor influencia ejerciera en su obra pianística, como puede comprobarse en su primera etapa volcada en la creación para este instrumento. Así la “Improvisación fantástica” está dedicada al polaco y piezas como “El último adiós” o “El lamento” tienen también la huella chopiniana. En cambio, los ciclos de Romanzas sin palabras dejan entrever texturas algo más densas con ideas melódicas concisas, explotando en general registros centrales del teclado. La producción de Marcial del Adalid muestra gran interés, si bien en las obras de mayor recorrido carecen de cierta tensión y en ocasiones recurre a repeticiones algo superfluas. Por ello, resultan más personales sus “Petit riens”, pequeños valses sin gran desarrollo pero de una elaboración muy conseguida y las mencionadas romanzas. Fue también muy destacada su labor en la recopilación de canciones gallegas.

Eduardo Ocón (1833-1901) fue discípulo de Murguía en la Catedral de Málaga. En la década de 1860 emprendió un viaje por Alemania, Francia y Bélgica, conociendo a personalidades de la talla de Fetis o Gounod. En París se estableció entre los años 1867-1870, siendo una etapa muy fecunda para su producción pianística, ya que en la capital francesa compuso “Recuerdos de Andalucía”, la barcarola “En la playa” o el “Estudio-Capricho para la mano izquierda”. En Alemania había compuesto el “Estudio Rheinfahrt”, que tuvo cierto éxito en el repertorio del siglo XIX.

Eduardo Ocón explora la música popular española y así en 1874 publica en la prestigiosa editorial alemana Breitkopf y Härtel su volumen “Cantos españoles” con el que sigue la labor musicológica que están realizando diversos compositores antes de la tarea definitiva de Pedrell y Barbieri. Ocón aborda los recursos técnicos habituales del lenguaje romántico (claro ejemplo es su interesante “Estudio Rheinfahrt”), al mismo tiempo que anticipa a Granados en piezas como “Recuerdos de Andalucía”, con una sencillez y claridad propias de las “Danzas españolas” del leridano. La barcarola “En la playa” usa floreos melódicos de tipo chopiniano con una sencilla textura para la mano izquierda que deja libertad a la melodía en una estructura basada en la variación melódica del tema en tres vueltas.

Eduardo Ocón fue un personaje de gran relevancia en la música española del siglo XIX por su aportación a los inicios del incipiente nacionalismo, pero también por su contribución a la educación musical al fundar y dirigir el Conservatorio María Cristina de Málaga en 1880, el primero de los centros educativos musicales creados en Andalucía. Se trata de un compositor que merece mayor reconocimiento.

José Antonio Santesteban (1835-1906), nacido en San Sebastián, fue un importante organista y compositor. Estudió también piano con Godineau en Bruselas y con Marmontel en París. Desde 1865 fue organista y maestro de capilla de la prestigiosa Basílica de Santiago de Bilbao. Recopiló aires populares vascos desde 1862, labor que fue premiada en 1876 en la exposición de Viena.

Tiene Santesteban la colección de piezas más acabada del romanticismo español, los “24 preludios” en los que sigue la idea musical de Bach y Chopin y en los que muestra ) gran variedad en un pensamiento aforístico de gran riqueza. Junto a elementos propios de Schumann en su doble versión de Eusebius (melancólico) y Florestán (eufórico) por ejemplo en los preludios 1, 6, 7, 8 o 10; hay planteamientos más próximos a Liszt en los preludios 3, 13, 15 y 23; así como aspectos chopinianos en los números 4, 5, 11 o 24. Resulta asombrosa la utilización de aires bachianos en los preludios 16, 17 y 22 en una amalgama prodigiosa con el romanticismo y anticipadora de un neoclasicismo que todavía no había tenido figuras como Ravel, Stravinsky o Falla en España.

el gran pianista francés Francis Planté: reconoció la valía de esta colección y la elogió en una carta escribiendo al autor: las siguientes palabras: “Estos preludios están admirablemente escritos, amigo Santesteban”. También el padre de la musicología española, Felipe Pedrell, dedicó en su tiempo unas páginas llenas de admiración al donostiarra. Por ello resulta muy sorprendente que estos 24 preludios tengan tan escasa presencia en la actualidad. Constituyen el mejor conjunto pianístico de compositores españoles antes de la aparición de los grandes maestros, Albéniz, Granados y Falla.



Finalizamos este trayecto por el romanticismo español de compositores nacidos antes de 1850 con el canario Teobaldo Power (1848-1884), gran pianista que estudió en Barcelona y París. Su producción tiene obras de factura típicamente lisztiana: “Sonata”, “Scherzo”, incluso los “Cantos canarios”; al tiempo que otras piezas son intimistas y anuncian al próximo Granados: “Canción española”, “Recuerdos del pasado”, “En la aldea”. No tuvo demasiada suerte Teobaldo Power ya que, tras una juventud algo difícil, cuando había alcanzado el triunfo con los “Cantos canarios” y ganado una cátedra en el Conservatorio de Madrid, la muerte le llegó a la temprana edad de 36 años, víctima de una tuberculosis.

La recuperación progresiva de estos compositores está siendo posible gracias a la labor de musicólogos y pianistas como Ana Benavides, Oliver Curbelo, Gustavo Díaz Jerez, Mario Prisuelos, Margarita Viso, etc. Todo el reconocimiento que se les haga será siempre escaso. Como puede comprobarse, el romanticismo pianístico en España careció de una figura de la talla de Chopin, Schumann o Liszt, pero, frente a lo que muy habitualmente se había escrito, no fue un desierto para este instrumento. Además, también debemos recordar que al margen de los compositores citados hay otros muchos de este periodo que tienen igualmente interés: Juan Crisóstomo Arriaga, Juan María Guelbenzu, Martín Sánchez Allú, Felipe Pedrell, etc.