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“ya sabes que esta obra, esta Iberia de mis pecados, la escribo esencialmente por ti y para ti y que el recuerdo del cariñoso amigo que en ti tengo y sobre todo, el recuerdo del maravilloso artista que eres, han inspirado esas páginas”.

La figura de Joaquín Malats no se encuentra excesivamente difundida en el panorama pianístico. Por eso la magnífica tesis doctoral realizada en 2007 por Paula García Martínez completó una laguna bibliográfica en torno a la vida, interpretación y composición del insigne pianista de Barcelona.

En el siguiente enlace puede visitarse el texto completo de la tesis doctoral El pianista y compositor Joaquín Malats y Miarons (1872-1912) de Paula García Martínez. Las notas que seguidamente trazamos se extraen íntegramente de esta investigación.

Periodo de formación

Joaquín Malats inició sus estudios de piano con 8 años. Cuando tenía apenas 12 años y, ante la pereza que comenzó a mostrar el adolescente en la disciplina musical, el padre lo envió a una carpintería para aprender un oficio, circunstancia que sólo duró dos semanas y que sirvió para encauzar la dedicación de Joaquín Malats a los estudios musicales (p.25). Es en 1885, con 13 años, cuando hace su presentación pública, interpretando el Rondó caprichoso de Mendelssohn, entre otras piezas (p.24).

En 1886 ingresa en la Escuela Municipal Superior de Barcelona, teniendo como profesor a Juan Bautista Pujol. Malats es por tanto otro de los grandes pianistas formados por Pujol, así como también lo fueron Enrique Granados, Carlos Vidiella o Ricardo Viñes. En el curso 1886-1887 será precisamente Viñes quien le arrebate el primer premio del fin de curso; en cambio, a la finalización del curso 1887-1888 Joaquín Malats concluye los estudios en la Escuela de Barcelona obteniendo el primer premio (p.34).

Se marcha a París, al igual que lo hacían casi todos los grandes pianistas españoles de la segunda mitad del siglo XIX (y que seguiría pasando en el primer tercio del XX). Sin embargo, Malats encuentra un contratiempo recién establecido: el Conservatorio de París, ante la avalancha de estudiantes extranjeros, restringe el acceso a dos alumnos foráneos por especialidad. Ello provoca que tenga que dar clases en una academia privada durante una temporada (precisamente con Charles de Bériot, quien sería posteriormente su profesor en el Conservatorio). En 1890 queda una plaza libre en el centro y Malats supera la oposición de 48 aspirantes para hacerse con la misma. Los siguientes tres cursos Malats lucha denodadamente por obtener el primer premio de piano. En el curso 1890-1891 no puede presentarse por ser recién ingresado; en el curso 1891-1892 consigue la 2ª posición y finalmente en el 92-93 logra el ansiado primer premio interpretando la Fantasía en fa menor de Chopin (pp.68 ss).

El premio Diemer de París

En la década siguiente Malats tiene que hacerse un nombre en el concierto pianístico del momento. Permanece en París hasta 1896, año en el que regresa a España. Es la década en la que va forjando su repertorio más habitual, basado en gran medida en Schumann, Chopin y Beethoven. Obtiene buenas críticas por sus grandes condiciones técnicas y la variedad de ataques, por el respeto a la escritura de las obras y por la diferenciación de los planos sonoros. Sin embargo, en ocasiones le achacan la elección inapropiada de algunas obras: el Carnaval Op. 9 de Schumann (obra infrecuente en ese momento en las salas de concierto y que constituyó un caballo de batalla para Malats) o el tercer concierto para piano y orquesta de su profesor, Charles de Bériot. Pero Malats se ha hecho un hueco y goza de gran prestigio, lo que puede probarse con que fuera reclamado para estrenar algunas nuevas salas de concierto como la Estela de Barcelona en 1897. Es comparado a pianistas de la talla de Francis Planté, Moriz Rosenthal, Paderewsky, Harold Bauer, etc. Las siguientes palabras del Diario La vanguardia de 30 de octubre de 1897 muestran el reconocimiento con el que contaba el intérprete en esta época:

“Para Malats no hay imposibles: domina por igual todos los géneros, y a una extraordinaria ductilidad y a la posesión absoluta del mecanismo reúne lo que vale más de todo: un gusto irreprochable y el alma, el corazón y el temperamento vibrante de una verdadero artista” (p.112).

Malats incursionó en la celebración de conciertos estilísticos o de carácter histórico. Así en 1897 desarrolló tres conciertos en Barcelona, pasando por el barroco, clasicismo, romanticismo. y coetáneos. Tocó junto a otros pianistas: en 1899 y 1907 junto a Granados en el Teatro Novedades de Barcelona; en 1900 junto a Vidiella y Granados en el Novedades, interpretando a dúo algunas piezas y haciendo los tres juntos el concierto para tres instrumentos de tecla de Bach. Igualmente en 1907 en el Novedades tocó junto a Saint-Saëns obras del compositor francés (pp.127-129 y 134-136).

El triunfo en el premio Diemer de París en 1903 fue un punto de inflexión definitivo para el pianista Malats. Las dudas que pudiera albergar para dedicarse a la composición quedaron despejadas y a partir de este momento Malats está dedicado plenamente a la interpretación. El premio Diemer contaba con una dotación económica de 4000 francos y había sido instituido por el insigne profesor del Conservatorio de París, reservado únicamente a los premiados en los últimos 10 cursos en el centro francés. En 1903 se celebró la 1ª edición y Malats concurrió al certamen, obteniendo el primer premio por delante de Lazare Levy en unjurado formado por personalidades de la talla de Francis Planté, Rosenthal, Raoul Pugno, Paderewsky, de Greef o Saint-Saëns. El repertorio para la ocasión estaba integrado por la Appassionata de Beethoven, los Estudios Sinfónicos de Schumann, la 2ª balada, la 3ª mazurka y el preludio en re bemol de Chopin y la Campanella de Franz Liszt (pp.148 ss).

Tras el éxito en el premio Diemer, Malats se ve obligado a ofrecer múltiples conciertos con el repertorio que le llevó al éxito. No obstante, progresivamente va incorporando nuevas obras y junto a sus habituales Schumann, Chopin, Beethoven o Liszt, incluye obras de Debussy, Chabrier, Saint-Saëns, Mozart, Scarlatti, Schubert, etc.

Malats y la Suite Iberia

Es importantísimo el capítulo que protagonizan Isaac Albéniz y Joaquín Malats en torno a la Suite Iberia. La relación epistolar entre ambos músicos muestra la relevancia que las cualidades interpretativas de Malats tenían para Albéniz. Ya en el encabezado de estas anotaciones recogíamos las siguientes palabras del gerundense escritas en carta de 22 de agosto de 1907: “ya sabes que esta obra, esta Iberia de mis pecados, la escribo esencialmente por ti y para ti y que el recuerdo del cariñoso amigo que en ti tengo y sobre todo, el recuerdo del maravilloso artista que eres, han inspirado esas páginas” (p.282).

En otra carta previa de 27 de diciembre de 2006, Albéniz expresa la admiración hacia el intérprete con estas palabras: “desde que tuve la dicha de oír tu interpretación de Triana puede decirse que no escribo más que para ti; acabo de terminar bajo tu directa influencia de intérprete maravilloso el tercer cuaderno de Iberia” (p.285).

Casi todas las piezas que conforman la Suite Iberia fueron estrenadas por la pianista francesa Blanche Selva. A Joaquín Malats sólo le cupo el privilegio de estrenar Triana (1ª pieza cronológicamente del 2º cuaderno en cuanto al momento de su composición y 3ª en la ubicación final en el cuaderno) el 5 de noviembre de 1906 en el Teatro Principal de Barcelona, e interpretada nuevamente el 14 de diciembre de 1906 en el Teatro de la Comedia de Madrid (pp.289 ss). La relación epistolar de 1907 revela la intención de Malats de interpretar íntegramente los cuatro cuadernos en noviembre de ese año. En estas cartas se reflejan las dudas de Albéniz para cerrar el último cuaderno y cómo, frente a la inicial idea de que Navarra perteneciera a la Iberia, es finalmente rechazada por su carácter excesivamente popular. Igualmente, el título de “Albufera” cede paso a la definitiva Jerez (pp.315-321).

Malats no puede interpretar la Suite Iberia en su conjunto porque las piezas no están terminadas para que pueda estudiarlas adecuadamente para una presentación pública. Es precisamente en este momento, al visitar París nuevamente en diciembre de 1907 para realizar una gira por ciudades francesas y alemanas promovida por Albéniz, cuando la enfermedad obliga a Malats a detener la actividad concertística durante un año. Su vuelta coincide prácticamente con la muerte de Albéniz en mayo de 1909.

El 29 de noviembre de 1909 Malats interpreta en la Sociedad Filarmónica de Málaga seis piezas de la Suite Iberia: Evocación, El Puerto, El Albaicín, Málaga, Jerez y Triana. El 10 de diciembre los repite en el Teatro de la Comedia de Madrid. Finalmente, el 10 de marzo de 1910 vuelve a interpretar estas seis piezas de la Iberia en el Palau de la Música de Barcelona, en el que será la última actuación pública de Malats (pp.349, 351 y 366 ss). Parece ser que ante un círculo privado el intérprete ejecutó en una ocasión en Barcelona la Suite Iberia íntegramente (p.369).

A partir de 1910 la enfermedad pulmonar de Malats le impide su actividad concertística. Aprovecha la vacante que ha quedado en el Conservatorio de Madrid para obtener la cátedra a finales de 1910. Sin embargo, la actividad docente apenas puede desarrollarla con normalidad por los problemas de salud que le acucian. Finalmente la tuberculosis le lleva a la muerte en Barcelona cuando sólo tenía 40 años.

Es pues Joaquín Malats una de las grandes figuras del piano español, protagonista próximo en torno al proceso de elaboración de la Suite Iberia. Al mismo tiempo, realizó el estreno absoluto de Triana, así como la primera interpretación en España de las 6 piezas de la Iberia anteriormente citadas. Igualmente fue dedicatario del tercer cuaderno de la Suite albeniciana y también de los Valses poéticos de Enrique Granados. Junto a Mario Calado, Enrique Granados, Ricard Viñes y Carles Vidiella protagonizan un momento estelar del piano español centrado en la eclosión de la escuela catalana de piano de Juan Bautista Pujol.

Referencias bibliográficas
  • García Martínez, P. (2007). El pianista y compositor Joaquín Malats y Miarons (1872-1912). Tesis doctoral: Universidad de Oviedo.