Los concursos de piano: una breve historia

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Antecedentes de los concursos de piano

La competencia entre los intérpretes ha sido un lugar común en la historia de la música. Por ejemplo, durante el barroco Domenico Scarlatti y Georg Frederic Händel mantuvieron en Roma un duelo auspiciado por el cardenal Ottoboni, que al parecer venció el italiano en el clave y el alemán sobre el órgano. Otro duelo generalmente recordado, pero que nunca llegó a celebrarse, habría sido el encuentro entre J. S. Bach y Louis Marchand en Dresde; el músico francés eludió la contienda al darse cuenta que carecía del dominio para la improvisación siguiendo los nuevos procedimientos del temperamento igual, ya adoptados por J. S. Bach. También resultaría célebre el duelo que el 24 de diciembre de 1781 sostuvieron en Viena Mozart y Clementi, en este caso organizado por el propio emperador José I. Sin embargo, el duelo de los duelos en la historia del piano estaba aún por llegar y se produjo el 31 de marzo de 1837. La princesa Cristina de Belgiojoso organizó en París el encuentro de mayor fuste de la historia de la interpretación pianística: Franz Liszt y Sigismond Thalberg se enfrentaron por la corona del virtuosismo en el piano.

Por otra parte, conviene subrayar que el nacimiento de los conservatorios como nueva institución de formación musical ofrecía un humus propicio para la aparición de un sinfín de intérpretes. Los conservatorios de París (1795), Praga (1808), Viena (1817), Leipzig (1843) serían los más importantes. El primer conservatorio en España fue el fundado por la reina María Cristina en 1830 en Madrid, teniendo como primer profesor de piano a Pedro Pérez Albéniz; mientras que abría sus puertas en 1837 el conservatorio del Liceo en Barcelona. Estas instituciones musicales organizaron premios desde muy pronto, de forma que se generaba una competencia interna entre los discentes en el marco académico.

Debemos recordar que Fran Liszt difundió en torno a 1840 los primeros recitales de piano, inicialmente de varios pianistas e incluso con algún otro instrumentista, para muy pronto convertirse en un espectáculo individual en el que, según palabras del propio Liszt, “le concert c’est moi”. A diferencia de los programas abiertos de los recitales pianísticos de las primeras décadas en los que resultaba muy natural la inclusión de improvisaciones y la distensión del público, poco después esta forma nueva de exposición de los pianistas supondría una constante competencia y una indirecta necesidad de alcanzar el máximo virtuosismo. La multiplicación de instituciones pedagógicas y la necesidad de seleccionar pianistas de cara al desarrollo de conciertos favorecería la parición de certámenes de diferente índole. Además, a comienzos del siglo XX emerge un nuevo mercado en las grabaciones discográficas, siendo los pianistas consagrados los que abordan esta nueva ocupación.

Los principales concursos internacionales de piano

A continuación vamos a glosar brevemente los concursos para piano del panorama internacional que poseen mayor relevancia (omitimos el término “internacional” en los concursos de los que hablamos habida cuenta de que tienen esta categoría todos los que citamos):

  • El primer certamen organizado fuera del ámbito académico fue el concurso Anton Rubinstein, auspiciado por este compositor y pianista ruso desde 1890. Su primera edición tuvo lugar en San Petersburgo, contando con premios para composición y para piano. Sería Dubasov el primer triunfador en el instrumento, mientras que el por otro lado excepcional pianista Ferruccio Busoni se alzaría con la victoria en la rama de composición. Las siguientes ediciones fueron celebradas en diferentes ciudades europeas, contando entre su nómina de galardonados en el piano a Josef Lhévinne, Bosquet, Wilhelm Backhaus (edición de 1905 en la que nada menos sería Bartök el finalista).
  • En 1903 se celebró la primera edición del premio Diemer, instituido en el marco del Conservatorio de París en honor al célebre profesor, Louis Diemer. No obstante, este certamen constituía una novedosa fórmula habida cuenta de que podían presentarse los premiados en el Conservatorio de París en los últimos 10 cursos. Sería el español Joaquín Malats el primer vencedor de este concurso.
  • Por su parte, en 1926 la Naumburg Competition tuvo su primera edición en Nueva York, auspiciada por la fundación Walter W. Naumburg. Este certamen pretendía impulsar a jóvenes talentos, entre los que brillarían el cubano Jorge Bolet o el norteamericano William Kapell.
  • El Concurso Frederic Chopin de varsovia se inició en 1927, organizado por el pianista y compositor polaco Jerzy Żurawlew. El primer ganador sería el pianista Lev Oborin (1927), contando entre sus posteriores triunfadores a intérpretes de la talla de Yakov Zak (1932), Maurizio Pollini (1960), Martha Argerich (1965), Garrick Ohlsson (1970), Krystian zimerman (1975); o más recientemente a Yundi Li (2000) y Rafal Blechacz (2005). Se trata del concurso de mayor fuste de entre aquellos que son temáticos por estar dedicados exclusivamente a un compositor, en este caso a la obra de Chopin.
  • Si bien fue fundado por la reina Elisabeth de Bélgica en 1937 con la denominación de Concurso Eugéne Ysaÿe (en honor al extraordinario violinista belga recién fallecido y que había ideado este certamen), pronto adoptaría el nombre definitivo con el que ha pasado a conocerse: Concurso Reina Elisabeth de Bruselas. Su primera edición en 1937 estuvo destinado a violinistas, condecorándose con la medalla de oro al célebre David Oistrack. En 1938 se desarrolló la primera edición para piano en la que se alzó como gran triunfador el histórico pianista ruso, Emil Guilels. Posteriormente importantísimos pianistas encontraron un trampolín en este certamen, destacando por ejemplo el norteamericano Leon Fleisher (1952), el ruso Vladimir Ashkenazy (1956) o el soviético (moldavo) Mikhail Faerman (1975).
  • El Concurso de Ginebra arrancó en 1939 y tuvo como primer vencedor al italiano Arturo Benedetti Michelangeli. El prestigio de este certamen es palpable por la nómina de sus posteriores galardonados: la argentina Martha Argerich (1957), la soviética Tatiana Shebanova (1976) o la japonesa Mami Hagiwara (2010).
  • El principal certamen celebrado en Francia es el concurso Long-Thibaud-Crespin. Nació durante la II guerra mundial con una vocación inicialmente nacional para intentar paliar las dificultades que los intérpretes encontraban en el periodo bélico. Surgiendo en 1943 gracias a la aportación económica de la pianista Marguerite Long, comenzó con sendos premios para piano y violín. Desde 1983 estas modalidades se separan en años diferentes, incorporándose a partir de 2011 el canto como nuevo instrumento de concurso. Entre los ganadores en el piano cabe destacar a Samson François (galardonado en la primera edición de 1943), al franco-italiano Aldo Ciccolini (1949), el húngaro Peter Frankl (1957), el ruso Vladimir Feltsmann y el francés Pascal Rogé (1971) o el francés (de origen soviético) Mikhail Rudy (1975).
  • En 1949 se celebró la primera edición del concurso Busoni en la ciudad italiana de Bolzano, conmemorando el 25 aniversario de la muerte del compositor y pianista italiano que da nombre al certamen. Sus ganadores de mayor prestigio fueron la jovencísima Martha Argerich, triunfadora con tan solo 16 años; así como el norteamericano Garrick Ohlsson.
  • En 1957 inició su andadura el Concurso Vianna da Motta en Lisboa. Organizado por Sequeira Costa, discípulo del gran pianista portugués que da nombre al concurso. El certamen tuvo como primer ganador a Shtarkman (1957), sucediéndoles en el máximo entorchado reputados intérpretes posteriormente como vencedores, tales como Nelson Freire (1962) o Artur Pizarro (1987).
  • En 1958 se celebró la primera edición del concurso Chaikovski en Moscú. La URSS pretendía con este certamen refrendar la primacía de los pianistas soviéticos, en muchas ocasiones ya demostrada en certámenes previos. Sin embargo, el desarrollo del concurso cambió el pronóstico inicial. Van Cliburn, un joven pianista norteamericano nacido en Luisiana y criado en Texas, interpretó obras maestras del repertorio ruso, verbigracia los conciertos nº 1 de Chaikovski y nº 3 de Rachmaninov. El público de la sala Chaikovski del Conservatorio de Moscú le tributó una ovación de 8 minutos ininterrumpidos. El jurado estaba formado por grandes personalidades de la música: el extraordinario y célebre Sviatoslav Richter, miembro del jurado, se saltó las normas establecidas y otorgó 100 puntos a van Cliburn, en vez de los 25 que permitía las reglas del concurso, concediendo 0 puntos al resto de candidatos. Por su parte, Emil Guilels se acercó llorando a van Cliburn y lo besó. Finalmente, Aram Kachaturian dijo que tocaba mejor que el propio Rachmaninov. Ante la difícil situación en plena guerra fría, Emil Guilels, presidente del jurado, consultó a Nikita Kruchev (entonces Presidente de la URSS) si el prenio podía otorgarse al pianista de Estados Unidos. Kruchev preguntó exclusivamente si van Cliburn había sido el mejor. El jurado certificó su opinión concediéndole el premio. En Estados Unidos fue recibido con honores con un desfile. La revista Time de 19 de mayo tituló: “El tejano que conquistó Rusia”. La relevancia de este concurso quedó corroborada edición tras edición, circunstancia que se desprende al leer el extraordinario elenco de premiados: Vladimir Ashkenazy y John Ogdon (1962), Grigori Sokolov (1966), Andrei Gavrilov (1974), Mijaíl Pletnev (1978), Barry Douglas (1986), Boris Berezovski (1990), Nikolai Luganski (1994) o Daniil Trifonov (2011).
  • El concurso van Cliburn demostraba el boom derivado del triunfo del pianista texano en el Chaikovski de 1958. Este certamen en honor de este intérprete comenzó sus ediciones en 1962 en Fort Worth (Texas). En la nómina de vencedores podemos destacar a Radu Lupu (1966), Cristina Ortiz (1969) y al sudafricano de origen belga Steven de Groote (1977).
  • Por su parte, el concurso de Leeds comenzó a celebrarse en 1961 bajo el auspicio de la condesa de Harewood y la dirección artística de Fanny Waterman, tuvo su primera edición en 1963, poniendo de manifiesto la relevancia del certamen al comprobar la altura de sus primeros premios: el cordobés Rafael Orozco (1966), Radu Lupu (1969), Murray Perahia (1972), Michel Dalberto (1978), Vladimir Ovchinnikov (1987) o Artur Pizarro (1990).
  • Además de los concursos reseñados previamente, podemos mencionar un sinfín de competiciones en el panorama internacional: verbigracia el concurso Schumann de Zwickau, Liszt de Utrecht, Beethoven de Viena, Alfredo Casella de Nápoles, Concurso de Liverpool, Arthur Rubinstein de Tel Aviv, Clara Haskil de Vevey (Suiza), George Enescu de Bucarest, Bach de Leipzig, etc.
  • La competición desarrollada en España que posee mayor proyección es actualmente el Concurso Internacional de Santander, más conocido como Paloma o’Shea en honor a su fundadora. Tuvo su edición inaugural en 1972 (todavía en modalidad nacional para transformarse inmediatamente en concurso internacional), contando con ganadores como Josep Colom (en las ediciones de 1972 y de 1978), Ramzi Yassa (1977) o recientemente el sevillano Juan Pérez Floristán (2015). Sin embargo los concursos pioneros en España fueron el Premio Jaén a partir de 1953, que tuvo como primer ganador al gaditano Jacinto Matute; y el Concurso Maria Canals de Barcelona desde 1954, certamen que se inauguró con el primer premio de Miquel Farré. También podemos destacar los concursos internacionales José Iturbi de Valencia, Ferrol, Frechilla-Zuloaga (Valladolid) o Campillos (Málaga).
  • Por su parte, algunos pianistas españoles han participado en estos concursos, alcanzando en ocasiones posiciones privilegiadas. El bilbaíno Joaquín Achúcarro obtuvo el primer premio en el concurso de Liverpool en 1959. Ya hemos citado la medalla de oro obtenida por Rafael Orozco en Leeds en 1966. En el mismo año 1966 el catalán Albert Attenelle alcanzó un espléndido segundo premio en el concurso Vianna da Motta de Lisboa, certamen en el que el onubense Javier Perianes también fue tercer premio en 2001. Recientemente el valenciano Josu de Solaun alcanzó el triunfo en el George Enescu de Bucarest en 2014.

Algunas reticencias ante los concursos

Charles Rosen, musicólogo y pianista de gran prestigio, formula algunas objeciones a los concursos. A su parecer, restringe en gran medida el repertorio de los jóvenes pianistas, ya que dedican su formación a perfeccionar un repertorio muy limitado para participar en los concursos. Además, según Rosen, las fases clasificatorias suelen privilegiar las interpretaciones aceptables y castigar exageradamente a pianistas muy personales. Ejemplifica su opinión con la inexplicable eliminación de Steven de Groote en el concurso de Leeds, cuando apenas unos meses después obtuvo la medalla de oro en el van Cliburn de Texas. Hay muchos casos que pueden corroborar esta opinión: así en 1974 Yuri Egorov perdió la final del concurso Chaikovski por un error de tonalidad, alzándose con el máximo galardón Andrei Gavrilov.

El incidente de Martha Argerich como miembro del jurado del Concurso Chopin (1980) redunda en la hipótesis esgrimida por Rosen: Ivo Pogorelich fue eliminado por sus interpretaciones excéntricas en los tempi y articulaciones, lo que produjo el abandono de Argerich del jurado por entender inadmisible que este genial pianista no ganara el premio. Cabe decir que en los concursos adquiere validez una interpretación pulcra en el marco de un canon estético tradicional frente a las ideas originales que plantean enfoques atrevidos y personales.

Por su parte, Vladimir Feltsman (ganador del concurso Marguerite Long) ha afirmado lo siguiente: “Detesto, detesto las competiciones. Supongo que es el único modo que tenemos para lanzar nuestra carrera. Pero no me gusta la filosofía de las competiciones. El arte no debería ser un evento deportivo. Muchos pianistas maravillosos no son capaces, física o intelectualmente, de aguantar el tipo de programa previsto para los candidatos, y a menudo terminan por imponerse unos solistas muy inferiores”.

Finalizaremos este análisis recogiendo la opinión reticente de Alicia de Larrocha ante los concursos. La pianista barcelonesa sólo participó en el certamen de Ginebra de 1947. En una carta escrita a su maestro, Frank Marshall, el 28 de septiembre del mismo año, Larrocha expresa con cierta ironía los sinsabores de esta experiencia:

“¡He aquí un caso extremadamente curioso y divertido! Una pianista española se presenta al concurso de Ginebra. Llega el día. En una sala reservada exclusivamente a las concursantes, hay una caja llena de papelitos. Mete mano y saca el número 220. Después de un cuarto de hora de permanecer allí, le toca el turno. Sube a un escenario donde hay dos pianos, un Pleyel y un Blutner. Escoge el Blutner y se sienta. Al fondo de la sala hay una inmensa cortina. Deduce que allá detrás está el jurado y oye una voz que dice: «Toque el Preludio y fuga de Bach». Lo empieza y acaba sin que la campana haya sonado. Escucha atenta y vuelve a oír la voz que dice «El segundo y tercer movimiento de la Sonata». Lo toca también sin interrupción y enseguida oye: «Kreisleriana, por favor». Al llegar al cuarto número, suena la campana y la voz exclama (con voz cavernosa): «Puede retirarse, ¡gracias!». La pianista sale contenta de su actuación pero sin la menor esperanza de pasar el concurso definitivo, pues le notifican que el jurado es de poca categoría y que ni Magaloff ni Casadesus están presentes. Llega el día de saber el resultado y ve escritos solamente los números que han pasado. No le sorprende ni afecta lo más mínimo el que no esté el suyo. Sonríe y piensa: ¡Estás eliminada! ¡Ahora es cuando empieza la batalla! ¡Más optimismo, llamaría Alicia de Larrocha! ¡Y así fue! Ayer, tocó en casa Bagarotti (organizado por él mismo) ante todos los críticos de Lausana, ganándose a pulso la admiración de todos ellos. No llegaron predispuestos a mostrarse simpáticos con la pequeña pianista. Todos ellos con aire de grandes intelectuales, no cesaban de mirarla. Se colocaron cada uno lejos del piano. Grandes figuras, grandes barbas y caras como si fueran a juzgar a un criminal. Empezó la sesión con «Evocación» de Albéniz, siguió «El puerto», «Rondeña», «Albaicín», «Triana», Danzas de Granados, «Requiebros», «Coloquio», «Maja y el ruiseñor», «Fandango», El pelele, Falla, Turina, etc. ¡Ah!, pero… ¿qué rara atracción debe tener la música española que transforma a las personas en unos minutos? ¡No lo sé! El caso es que empezaron a cambiar la expresión de la cara; exclamaban palabras de admiración, rodearon el piano, pedían que no se acabase, besaban las manos de la pianista cuando terminaba una obra. Y se acabó con Schumann, Brahms, Bach y todo lo que había tocado el día del concurso. Era gracioso ver la indignación de todos ellos con el jurado de Ginebra. Hasta tal extremo que uno dijo que la mayor propaganda para la pequeña española sería poner en los programas «pianista eliminada en el concurso de Ginebra”.

Bibliografía

He consultado diferentes páginas webs (portales de los concursos y de wikipedia), así como anotaciones extraídas de artículos y libros múltiples. Cito seguidamente fuentes que han sido especialmente relevantes para contrastar información:

  • CIAMMARUGHI, L. (2020). EL PIANO SOVIÉTICO: LOS PIANISTAS DESDE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE A LA CAÍDA DEL MURO. MADRID: SCHERZO.
  • ISACOFF, S. (2013). Una historia natural del piano: desde Mozart al jazz. Madrid: Turner.
  • PAGÈS SANTACANA, M. (2016). Alicia de Larrocha. Notas para un genio. Barcelona: Alba.
  • ROMERO, J. (2014). El piano: 52+36. Madrid: Alianza.
  • ROSEN, C. (2005). El piano: notas y vivencias. Madrid: Alianza.
  • SÁNCHEZ LÓPEZ, V. A. (2017). Perfil y trayectoria profesional de los ganadores del concurso internacional de piano premio Jaén (1996/2012). Consultado en línea en https://hdl.handle.net/10630/16354

Una bibliografía de Mozart

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Los libros publicados en torno a la figura de Mozart, su vida y su obra, han sido innumerables. Una pátina misteriosa ha cubierto desde el 5 de diciembre de 1791 (fecha de la muerte del compositor de Salzburgo) diferentes cuestiones en torno a Mozart. Por ello resulta muy relevante seleccionar textos que se apoyen realmente en los hechos contrastados y que eviten opiniones escasamente argumentadas sobre asuntos que han sido muy complejos: el recurrente tratamiento del niño prodigio y del músico genio, la difícil relación con su padre, la vida social en la Viena del momento y su adaptación al medio, el endeudamiento progresivo de los últimos años, etc. son temas controvertidos sobre los que hay que deslizarse con máximo cuidado. Al mismo tiempo habida cuenta de la gran variedad de aproximaciones (unas generales sobre la vida, otras muy concretas sobre etapas o perfiles del personaje) es necesario elegir el volumen acorde al objetivo que perseguimos. Seguidamente dejo algunas líneas básicas de mis preferencias:

  • Creo que es imprescindible comenzar cualquier aproximación rigurosa a Mozart a partir de las cartas escritas por el propio personaje. Dejó un importante volumen de misivas que ofrecen una panorámica muy significativa sobre su vida, pensamiento, cotidianidad, forma de trabajo, obras, relaciones sociales, etc. Además, resulta muy interesante complementar esta lectura con el volumen de Balcells que ordena los principales contenidos de las cartas en torno a los temas abordados.
  • Suelo recurrir a las biografías de Robbins Landon, Paumgartner, P. Gay o J. y B. Massin para sus aspectos biográficos. Las apreciaciones musicales de Alfred Einstein suelen ser interesantes.
  • No obstante, si nos acercamos al repertorio mozartiano es indispensable contar con los volúmenes de Arturo Reverter, así como el de Poggi y Vallora. Por otra parte, es esencial el tratamiento que hace Rosen sobre los conciertos para piano y orquesta o Kunze en torno al mundo operístico del compositor.
  • Finalmente la monografía de Norbert Elias ofrece un marco sociológico espléndido que resulta muy aclaratorio para explicar la caída artística de Mozart ante el gusto aristocrático vienés. Igualmente la obra de P. y E. Badura-Skoda es básica en el tratamiento de sus aspectos pianísticos.
  • Para terminar esta bibliografía ofrecemos algunas obras que abordan el clasicismo en su conjunto, así como novelas que optan por acercarse al personaje desde la ficción o como el de Henri-Marie Beyle (Stendhal) de forma casi periodística.

Bibliografía sobre la vida y la obra de Mozart

  • ALBET, M. (2006). Mozart, un genio musical. Barcelona: Planeta.
  • ANDRÉS, R. (2006). Mozart: su vida y su obra. Barcelona: Robinbook.
  • BADURA-SKODA, P. y E. (2000). L’art de jouer Mozart au piano. Paris: Buchet / Chastel.
  • BALCELLS, P. A. (2000). Autorretrato de Mozart. Barcelona: Acantilado.
  • BÖTTER, D. (2006). Wolfgang Amadeus Mozart: una biografía. Madrid: Alianza.
  • DELGADO MONTERO, F. (2003). Wolfgang Amadeus Mozart: la trágica independencia de un genio. Madrid: Real Musical.
  • EINSTEIN, A. (2006). Mozart. Madrid: Espasa.
  • ELIAS, N. (1998). Mozart: sociología de un genio. Barcelona: Península.
  • GAY, P. (2003). Wolfgang Amadeus Mozart. Madrid: ABC.
  • HILDESHEIMER, W. (2005). Mozart. Barcelona: Destino.
  • JACKSON, G. (2004). Mozart. Vida y ficción. Salamanca: Universidad de Salamanca.
  • KUNZE, S. (1990). Las óperas de Mozart. Madrid: Alianza.
  • MASSIN, J. Y B. (1987). Wolfgang Amadeus Mozart. Madrid: Turner.
  • MOZART, W. A. (1999). Cartas. Barcelona: Muchnik.
  • PAUMGARTNER, B. (1991). Mozart. Madrid: Alianza.
  • PÉREZ SIERRA, R. (1995). Mozart. Madrid: Alianza.
  • POGGI, A. Y VALLORA, E. (2006). Mozart. Repertorio completo. Madrid: Cátedra.
  • RADCLIFFE, P. (2004). MOZART: CONCIERTOS PARA PIANO. Barcelona: Idea Books.
  • REVERTER, A. (1995). MOZART: OBRA COMPLETA. Barcelona: Península.
  • ROBBINS LANDON, H. C. (1990). Mozart. Los años dorados (1781–1791). Barcelona: Destino.
  • ROBBINS LANDON, H. C. (2005). 1791, el último año de Mozart. Barcelona: Siruela.
  • SOLLERS, P. (2003). Misterioso Mozart. Barcelona: Alba.
  • VIEUILLE, M.-F. (2006). Mozart. La libertad indómita. Barcelona: Paidós.
  • WOLFF, C. (2018). Mozart en el umbral de su plenitud. Al servicio del emperador (1788–1791). Barcelona: Acantilado.

Estudios generales sobre el estilo clásico

  • DOWNS, P. G. (2015). La música clásica: la era de Haydn, Mozart y Beethoven. Madrid: Akal.
  • PAULI, R. G. (1974). La música en el período clásico. Buenos Aires: Victor Leru.
  • RICE, J. (2019). La música en el siglo XVIII. Madrid: Akal.
  • ROSEN, C. (2006). El estilo clásico: Haydn, Mozart, Beethoven. Madrid: Alianza.

Narrativa en torno a la figura de Mozart

  • BERBEROVA, N. N. (2001). La resurrección de Mozart. Barcelona: Circe.
  • CHARBONNIER, R. (2011). Nannerl, la hermana de Mozart. Barcelona: Edhasa.
  • GELINEK, J. (2018). Las dos muertes de Mozart. Barcelona: Plaza y Janés.
  • JACKSON, G. (1991). El difunto Kapellmeister Mozart. Barcelona: Muchnik.
  • MÖRIKE, E. (2006). Mozart, camino de Praga y los poemas musicados por Hugo Wolf. Valladolid: Alba.
  • STENDHAL (2006). Vida de Mozart. Madrid: Irreverentes ediciones.

mozart, una bibliografia

Duelos musicales ante el teclado (reto 12)

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Yo vivía en Londres. En la Nochebuena de 1781 mantuve en Viena una competición en el teclado ante una leyenda de la música. Después han sido famosas las palabras que mi oponente escribió en sus cartas sobre mi forma de interpretar las piezas. Ya antes se habían producido duelos muy conocidos en el teclado. Un cardenal italiano organizó una célebre competencia en los primeros años del siglo XVIII. El certamen del que hablo se desarrolló sobre dos instrumentos diferentes y cuentan las crónicas que cada uno de los contendientes venció en un instrumento.

Una década después se produjo, o mejor se preveía, una batalla memorable entre aquel compositor que Beethoven llamara “Meer” en vez de “Arroyo” (españolizado su apellido alemán) frente a un virtuoso francés que al parecer huyó asustado de la grandeza del que estamos llamando “Meer”.

Antes de concluir no puedo dejar de mencionar un encuentro histórico que se produjo en París en 1837. Ríos de tinta han corrido sobre este duelo. Estos encuentros fueron desapareciendo progresivamente. En el siglo XX han prosperado los concursos de piano. Muchas historias han surgido de estos certámenes pero quiero detenerme en el gran bombazo que se produjo en 1958, en plena guerra fría, cuando sucedió aquello que podríamos denominar como título de película “Un americano en Moscú”.

Casi 239 años después de la Nochebuena de 1781 de la que hablé al arrancar este reto, os deseo una muy feliz Navidad. Pero antes, por favor responde a estas preguntas:

  • ¿Quién soy?
  • ¿Quién fue mi oponente en la Nochebuena de 1781, que no habló demasiado bien de mi forma de interpretar en sus cartas?
  • ¿Qué dos grandes compositores participaron en un duelo organizado por un cardenal?
  • ¿En qué dos instrumentos desarrollaron esta batalla y quién venció en cada instrumento?
  • ¿Quién era “Meer” según Beethoven?
  • ¿Qué virtuoso francés parece que huyó y evitó el encuentro?
  • ¿Dónde iba a celebrarse este encuentro entre “Meer” y el francés?
  • ¿Quiénes fueron los dos contendientes en el duelo parisino de 1837?
  • ¿En qué consistió lo que hemos denominado como “Un americano en Moscú”?

Capital de la música (reto 11)

Viví en la capital de la música en la última década de mi vida. Aunque ninguno de los tres grandes compositores del estilo al que pertenezco nacimos en esta ciudad imperial, la ciudad parecía tener un imán y todos nos trasladábamos aquí. Sólo seis años después de mi muerte nacería en esta ciudad otro gran compositor que, al igual que yo, murió cuando tenía algo más de 30 años. Él fue el gran representante del Lied ya que hizo una cantidad ingente de estas piezas con una calidad fabulosa.

Pero esta ciudad también acogió a otros grandes músicos posteriormente. Aquí llegó procedente de Hungría el gran virtuoso y estuvo unos años en la adolescencia, si bien antes de cumplir los 20 años ya se había marchado a otros lugares para ser la primera gran superestrella del piano dando conciertos por toda Europa durante más de una década. En cambio, el compositor que sí se afincó definitivamente en esta ciudad había nacido en una ciudad portuaria de Alemania y precisamente mantuvo una gran disputa estética con el yerno de la primera superestrella del piano.

  • ¿Quién soy?
  • ¿De qué ciudad estoy hablando?
  • ¿Quiénes son los otros dos compositores que se trasladaron a esta ciudad y que fueron máximos exponentes del estilo de nuestra época?
  • ¿Qué otro compositor nacido en esta ciudad murió con poco más de 30 años?
  • ¿Qué es un Lied?
  • ¿Qué adolescente procedente de Hungría vivió unos años en esta ciudad imperial para convertirse después en la primera superestrella del recital de piano?
  • ¿Qué compositor nacido en una ciudad portuaria alemana mantuvo una disputa con el yerno de la primera superestrella del piano?
  • ¿Contra quién mantuvo esta disputa estética?

Granados y la suite Goyescas

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Enrique Granados: “En Goyescas he concentrado toda mi personalidad: me enamoré de la psicología de Goya y de su paleta; por lo tanto, de su maja, señora; de su majo aristocrático; de él y de la duquesa de Alba, de sus pendencias, de sus amores, de sus requiebros; aquel blanco rosa de las mejillas, contrastando con las blondas y terciopelo negro con alamares; aquellos cuerpos de cinturas cimbreantes, manos de nácar y carmín, posadas sobre azabaches, me han trastornado” (carta a Joaquín Malats).

Joaquín Nin: “Granados unió la sensualidad a la energía más viril; sus pasajes rápidos de muñeca eran como rasgueados violentos; en los pasajes en los que se requería cantar, el toque recibía un impulso invisible pero sorprendentemente eficaz; era, además, un colorista muy bueno y capaz y sus matices poseían una variedad inagotable”.

Apelles Mestres: “El nerviosismo de Granados siempre fue la nota dominante de su carácter. Su excesivo nerviosismo, indomable, tanto en el entusiasmo como en la depresión, en la alegría como en la pena, en la broma como en los actos más trascendentes de su vida. Éste es, a mi parecer, el secreto de la extrema vitalidad de su música”.

Guillermo de Boladeres, uno de los alumnos del compositor en la Academia Granados, cuenta una anécdota que sería a la postre premonitoria: «Acababa de regresar el maestro de un viaje de pocos días a Mallorca, y nos contaba a los alumnos que asistíamos a su curso de la tarde en la calle de Tallers, los sinsabores de aquella corta travesía. Decía el maestro: “El movimiento del buque me marea; me he pasado las horas mirando el reloj y aguardando el momento del desembarco. Debería inventarse un sistema de grandes boyas sobre las cuales pudiese montarse un puente para atravesar el mar en coche o en ferrocarril…” Se me ocurrió preguntarle cómo se arreglaría si le conviniese dar algún concierto en América. Me respondió: “No iría. Una travesía tan larga me pondría enfermo, y si fuese… ¡no volvería!”».

Enrique Granados (1867–1916) fue un compositor catalán nacido en Lleida que se caracterizó por su romanticismo poliédrico. Fue una personalidad decisiva en la música española de la Edad de Plata, mostrando grandes cualidades como pianista al mismo tiempo que desarrollando una labor como compositor a la estela de Isaac Albéniz, culminada con la finalización de la suite para piano Goyescas. Además, dejó el legado pedagógico desarrollado en su propia academia, posteriormente Academia Marshall. Su final infeliz, ahogado junto a Amparo Gal (su esposa) en el Canal de la Mancha regresando desde América truncó la obra de un compositor que acababa de concluir su principal corpus para piano. Al mismo tiempo puede observarse que aquel temor exacerbado que Granados sentía se confirmó trágicamente.

Formación musical

  • Sería el músico militar Junceda quien le diera las primeras clases de solfeo y, gracias a su recomendación, comenzó a tomar lecciones de piano con Francisco Javier Jurnet desde 1878 a 1882..
  • A partir de 1882 recibió clases del gran pedagogo Joan Baptista Pujol (también maestro de Malats, Viñes o Vidiella). En 1883 obtuvo el premio en el concurso organizado en la Academia Pujol interpretando la Sonata en sol menorde Robert Schumann.
  • Eduardo Conde, comerciante propietario de los almacenes “El siglo”, le ofreció mecenazgo y lo contrató como profesor de sus hijos. Granados comentó posteriormente: “¡Yo era el profesor más caro de Barcelona!”. A pesar de la importante colaboración, Enrique trabajó durante unos meses en un Café.
  • Tras el verano de 1887 Granados se trasladó a París para estudiar en el conservatorio de la capital francesa. Contrajo tifus y, según la versión del propio compositor esta enfermedad le impidió presentarse a las pruebas de acceso al Conservatorio de París. Para Myriam Perandones, en el año 1887 no pudo presentarse por la enfermedad y en 1888 no se ofertaron las plazas para extranjeros por estar ya ocupadas; en 1889 ya no podía acceder a esta plaza al superar los 22 años (edad máxima permitida).
  • En París recibió clases al margen del conservatorio por parte del profesor Bériot, quien le ayudó a cimentar algunas bases muy sólidas de su estilo: predilección por el canto y por las líneas melódicas, refinamiento de la sonoridad, uso muy variado del pedal y relevancia del aprendizaje de la improvisación. El joven regresó a Barcelona el 14 de julio de 1889, tras dos años de aprendizaje en París.
  • También en la década de 1880 había comenzado sus estudios de composición con Felipe Pedrell. No era este compositor un docente metódico y Granados lo consideraba como una especie de consejero.
  • A la vuelta de su estancia parisina Granados emprendió la actividad artística. En lo personal se casaría en 1892 con Amparo Gal, por lo que intentó lograr cierta estabilidad económica.
    • Trató de alcanzar infructuosamente una plaza en la Escuela Municipal de Barcelona en oposición convocada en 1893; pero el puesto lo obtuvo Joan Baptista Pellicer. En sus Memorias anotó: “Me la niegan y se la entregan a un tal Pellicer. Esto me proporciona un gran disgusto, sin comprender, ¡necio de mí!, que mi suerte está en no alcanzarla. De haber tenido dicha plaza, ¡quién sabe si hoy sería un pobre maestro”.
    • En octubre de 1894 se convocaron oposiciones para el Conservatorio de Madrid. Granados no pudo presentarse finalmente por una enfermedad y sería Pilar Fernández de la Mora quien obtendría dicha plaza de piano (esta profesora tendría posteriormente pupilos como José Cubiles o Antonio Lucas Moreno).
  • Habiendo fracasado por distintos motivos en la pretensión de lograr una plaza como profesor en los centros de enseñanza oficial, Granados se centró en la actividad concertística a partir de 1897 (en muchas ocasiones de forma camerística junto al violinista Crickboom y al violonchelista Pau Casals) y como docente en centros privados: primero junto a Crickboom y, tras cierto distanciamiento con el violinista, emprende a partir de 1900 una aventura pedagógica personal en la recién inaugurada Academia Granados de Barcelona.

El romanticismo poliédrico de Granados

  • Suele ser un tópico hablar del carácter poético de la personalidad y de las obras de Granados. Así Pau Casals lo afirmaba al decir que “Granados es nuestro gran poeta”; o Felipe Pedrell aludía a su “alma genial y poética”. Preferimos rehuir de esta etiqueta y concretar esta idea en la conjugación musical que se produce en el repertorio del compositor.
  • Granados fue un espléndido intérprete y trasladó el aprendizaje adquirido de los principales compositores del romanticismo a su propio repertorio: de esta forma retoma aspectos de Chopin, Schumann, Liszt o Grieg.
    • Algunos elementos que lo asimilan con Chopin serían el uso de formas como la mazurca, berceuse, vals, etc., ornamentación profusa, práctica del rubato, repetición de segmentos con bifurcaciones o modificaciones, etc.
    • Adoptó de Schumann el gusto por los ciclos de piezas reunidas, así como la afinidad por los argumentos extramusicales que dotaban la música de una estructura en ocasiones narrativa. Hay momentos que recuerdan en su lirismo y en su idea apasionada al compositor alemán.
  • El romanticismo de Granados no pretende ser ordenado sino que opta por las proporciones flexibles. En palabras de W. A. Clark, “Granados luchó toda su vida contra la dimensión más intelectual de la composición, con el trabajo paciente y minucioso que se requiere para tejer ideas musicales durante largos períodos de tiempo. Fue este el motivo por el que nunca llegó a dominar los aspectos del arte compositivo referentes al desarrollo temático y a la herencia formal”.
  • Este desapego respecto a la dimensión intelectual supone una primacía de lo espontáneo y de la improvisación como procedimiento para fraguar los discursos musicales. Henri Collet lo expresa indicando que “Granados componía «sin orden ni método, pero con una lógica infalible”. La siguiente anécdota recogida por Clark en su biografía del compositor ilustra gráficamente este rasgo: «En 1914, su discípulo Frank Marshall sería testigo de excepción de la capacidad de su maestro para improvisar, aun en situaciones de gran presión; durante un recital, Marshall pasaba páginas durante la interpretación de Granados de su reciente composición El pelele. En seguida se dio cuenta de que Granados no estaba leyendo el manuscrito ni siguiendo la partitura. Años más tarde Marshall le diría a Alicia de Larrocha: “Aquel día Granados improvisó un nuevo Pelele, que contenía los temas y frases del original y, aunque se desarrollaba de una forma totalmente distinta, daba la sensación de ser realmente el original y transmitía tal autenticidad que bien podría haberse conservado como la versión definitiva”. El público quedó tan fascinado con ese Pelele que solicitó que lo repitiera. Granados accedió, aunque esa vez tocó estrictamente lo que ponía la partitura».
  • Por tanto cabe llegar a una primera conclusión: el estilo pianístico de Granados presenta como rasgo fundamental su origen proveniente del universo romántico: un lenguaje y una atmósfera vinculados con sus principales representantes e incluso una improvisación que es corolario de la subjetividad, frecuentemente concretado mediante repeticiones de secciones con bifurcaciones y ornamentaciones. Pero este romanticismo presenta en Granados matices:
    • Relación con el folclore nacional.
    • Vinculación a aspectos musicales (y culturales) conectados con la recuperación del siglo XVIII.
    • El romanticismo puede pues aparecer en el repertorio del compositor en sus diferentes combinaciones: obras románticas estrictamente, obras de estilo romántico con utilización de recursos folclóricos, piezas románticas con aspectos dieciochescos e incluso una conjugación de los tres aspectos.
  • Las obras más importantes de su catálogo son:
    • Valses sentimentales(1890).
    • Danzas españolas (1892, siguiendo la cronología de J. M. Rebés basada en la edición de Casa Dotesio que poseía J. B. Pujol).
    • Cartas íntimas(1892).
    • Valses poéticos(1895).
    • Piezas sobre cantos populares españoles (1895).
    • Allegro de concierto (1903), pieza con la que obtuvo el premio del Conservatorio de Madrid.
    • Escenas románticas(1904).
    • Azulejos (1910), pieza póstuma de Albéniz que concluiría Granados.
    • Goyescas (1911).
    • Escenas poéticas(1912).
    • Libro de horas(1913).

La “suite” Goyescas

  • En el marco de la “generación del 98” y de la preocupación por España, Enrique Granados comienza una indagación en la cultura del siglo XVIII. Recupera un conjunto de 26 sonatas de Domenico Scarlatti que son transcritas y adaptadas para una publicación de 1905 con comentarios de Pedrell; el propio Granados interpretaría una selección de estas sonatas en la sala Pleyel en París.
  • Por otra parte, Granados quedó seducido por la obra de Goya en su visita al Museo del Prado en 1890. Focalizó su atención particularmente en las pinturas y caricaturas cotidianas e intimistas, en el mundo del majismo, sin sentir la misma predilección por las escenas grotescas. El compositor comenzaría su particular “traducción musical” del mundo goyesco a partir del esbozo escénico de Ovillejos, continuando con la producción pianística de la Suite Goyescas, Jácara, Crepúsculo o Reverie; las Tonadillas para voz y piano y, concluyendo, con la ópera Goyescas.
  • En carta a Joaquín Malats, Granados expresa esta fascinación que sintió: “En Goyescas he concentrado toda mi personalidad: me enamoré de la psicología de Goya y de su paleta; por lo tanto, de su maja, señora; de su majo aristocrático; de él y de la duquesa de Alba, de sus pendencias, de sus amores, de sus requiebros; aquel blanco rosa de las mejillas, contrastando con las blondas y terciopelo negro con alamares; aquellos cuerpos de cinturas cimbreantes, manos de nácar y carmín, posadas sobre azabaches, me han trastornado”.
  • En otro momento diría: “Subordino mi inspiración a la del hombre que tan perfectamente ha sabido comunicar las acciones características y la historia del pueblo español”. Como hemos indicado previamente, el mundo goyesco de Granados se ciñe sobre todo a los majos y majas del Madrid diociochesco, así como a las escenas que describen este paisaje de forma cotidiana.
  • Curbelo ha puesto de manifiesto las obras de Goya que más incidieron en la tarea compositiva: Retrato de la maja, Coloquio galante, Baile en la orilla del Manzanares, Merienda a orillas del Manzanares, La gallina ciega, Majas en el balcón, el capricho El amor y la muerte, El pelele, los retratos de Martincho en la serie La tauromaquia. Es fundamental partir de la base que el majismo de Granados se asienta en la costumbre diociochesca según la cual personas de la aristocracia impostaban un carácter plebeyo para participar en las fiestas populares. Se producía pues una simbiosis de lo aristocrático con lo popular en escenas lúdicas y en una especie de “carnaval” o “mascarada”, creándose una ambientación que nos resulta de una atmósfera próximo al mundo schumanniano. El propio Granados bosqueja en cierta medida su plan en estas palabras: “Quisiera poner una nota personal en Goyescas, una mezcla de amargura y gracejo, y no desearía que ninguna de estas dos cualidades predominara sobre la otra en un ambiente de refinada poesía. Gran valor melódico y un ritmo tal que muy a menudo absorba la música. El ritmo, el color y la vida netamente españoles; la nota de sentimiento tan súbitamente amorosa y apasionada como es trágica y dramática, según trasciende de toda la obra de Goya”.
  • Concluida en 1911, Granados estrenó el primer cuaderno de la suite Goyescas el 1 de marzo de 1912 en el Palau de la Música de Barcelona y el segundo cuaderno el 2 de abril de 1914 en la sala Pleyel de París. Por su parte, la publicación fue realizada por Casa Dotesio en 1912 (primer cuaderno) y por Unión Musical Española (segundo cuaderno) en 1914. Finalmente Goyescas: los majos enamoradosdejó al margen algunas piezas inicialmente previstas (La calesa o Riña y estocada) para quedar conformada por seis obras:
    • Primer cuaderno: Los requiebros, Coloquio en la reja, El fandango de candil, Quejas o la maja y el ruiseñor.
    • Segundo cuaderno: El amor y la muertey Epílogo. La obra El peleleque no forma parte de la suite en sí está estrechamente vinculada a Goyescas por su temática.
  • Algunos rasgos propios de Goyescasson:
    • Es una reelaboración refinada que se apoya en elementos populares: “ha de saberse que, a excepción de Los requiebros y Las quejas, en ninguna otra de mis Goyescas aparecen temas populares. Hecho en modo popular, sí, pero originales”. En Coloquio en la reja o en El fandango de candil hay por ejemplo imitaciones de guitarras.
    • Es una suite cíclica en la que algunos temas aparecen en diferentes piezas para dotar al conjunto de mayor unidad. El amor y la muerte(penúltima pieza de la suite) sirve para recopilar varios de los temas planteados en las piezas anteriores.
    • Las texturas suelen ser densas requiriendo en ocasiones tres pentagramas.
    • Complejidad rítmica (superposiciones).
    • Uso de ornamentaciones propias de Scarlatti (por ejemplo en Los requiebros).
    • Uso habitual de notas añadidas, sobre todo de sextas.
    • Utilización de elementos modales y de rasgos procedentes de la música popular sin que trasluzca una profundización en el flamenco. Coloquio en la reja o El fandango de candil recurren por ejemplo al modo frigio, Quejas o la maja y el ruiseñor se basa en un canto popular valenciano…
    • Según José Menor (pianista que ha grabado recientemente la suite) “se podría considerar como una característica estilística importante de Goyescas el hecho de unificar la armonía de influencia wagneriana con elementos propios de la música popular española”. Si Tristán e Isolda inicia la disolución de la tonalidad romántica, Goyescas se adentra en el mundo modal, encontrando el compositor inspiración en la disolución propuesta por Wagner en su ópera.
    • Estructura narrativa en torno al mundo de los majos del siglo XVIII, bajo la inspiración de Goya, creando la atmósfera musical de la aproximación y el encuentro, el amor y el desenlace trágico. El propio subtítulo del corpus, “Los majos enamorados” desvela la base argumentativa que motiva al compositor.
    • En Goyescasencontramos el romanticismo poliédrico de Granados por tratarse de un estilo que se apoya básicamente sobre las líneas del mundo romántico filtrado por el tamiz de lo popular y por la recreación del siglo XVIII a través de la escenografía de Goya y del universo sonoro de Scarlatti. Se trata por tanto de un romanticismo tamizado por el nacionalismo y con cierta anticipación del neoclasicismo. En cambio, resulta escasa la influencia del impresionismo francés teniendo en cuenta que en el momento de gestación de la obra se encontraba en plena efervescencia Claude Debussy y Maurice Ravel.

La labor pedagógica de Granados

  • La presencia de Granados en los diferentes ámbitos musicales barceloneses fue constante. En 1891 participó en la fundación del Orfeón Catalán, si bien no sintió gran afinidad con esta institución cultural por su calado separatista. En 1901 selló su admiración por Wagner al colaborar en la creación de la Asociación Wagneriana de Barcelona, de la que sería elegido socio de honor en 1904.
  • Tras un desencuentro con el violinista belga Crickboom, fundó la Academia Granados. El musicólogo Josep Maria Rebés sitúa en 1900 (frente al generalmente citado de 1901) el nacimiento de la Academia Granados, para lo que se basa en diferentes testimonios y documentos.
  • A diferencia de la pedagogía de Pujol, Granados como intérprete se basaba en dos pilares: la técnica y la imaginación. Para ello establecía dos sesiones semanales en las que desarrollaba su trabajo.
  • En 1905 publicó el primer tratado en España que abordaba la pedalización: Método teórico y práctico, para el uso de los pedales del piano. La importancia del pedal minimizaba la actividad de los dedos y ofrecía también mayor protagonismo a la flexibilidad de movimientos, siguiendo los postulados que Chopin y Liszt habían defendido.
  • El desarrollo de la imaginación era vinculado a la necesidad de generar la emoción estética para lo que recurría a metáforas, comparaciones con escenas de la naturaleza, representaciones de obras literarias o culturales, posibles semejanzas con otras piezas, etc. Este ideal estético (“imagen estética” en palabras de Heinrich Neuhaus) era esencial para la comprensión del sentido musical de una obra y, por ende, para alcanzar una interpretación adecuada.
  • Las bases técnicas de Granados consistían en mínimas modificaciones de sonido y ritmo, así como la síntesis de “energía, dulzura, gracia y soltura» (en palabras del propio Granados). Según Clark, “la práctica del staccato es esencial para adquirir energía, mientras que el legato permite la dulzura y el romanticismo del sonido. Gracia y agilidad son el resultado del staccato y el legato”.
  • A la muerte del compositor en 1916, sus sucesor sería Frank Marshall, quien cambiaría el nombre de la institución para denominarla desde 1920 como Academia Marshall, nombre que actualmente sigue vigente. En esta academia, heredera del legado pedagógico de Granados, han estudiado pianistas como José Iturbi, Alicia de Larrocha, Rosa Sabater, Rosa María Kucharski, Albert Attenelle, Marta Zabaleta o, entre otros, el compositor Xavier Montsalvatge.

Bibliografía

  • AVIÑOA, X.; LARROCHA, A.; RIVA, D. (2002). Enrique Granados. Perfil histórico-biográfico. Estudio crítico. Barcelona: Boileau.
  • CLARK, W. A. (2016). Enrique Granados, poeta del piano. Barcelona: Boileau.
  • IGLESIAS, A. (1985). Enrique Granados, su obra para piano. Madrid: Alpuerto.).
  • PERANDONES, M. (2016). Correspondencia epistolar de Enrique Granados. Barcelona: Boileau.
  • REBÉS, J. M. (2019). Granados, crónica y desenlace. Granada: Libargo.

En la sala de lectura de este blog hay importantísimas investigaciones sobre Granados y su obra a cargo de Miriam Perandones, José María Curbelo y otros musicólogos.

Curiosidades sobre Iberia de Albéniz

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En otro momento hemos abordado la figura de Isaac Albéniz, su trayectoria y los rasgos estilísticos y estructurales más relevantes de su producción. A continuación comentamos algunas curiosidades en torno a la Iberia de Isaac Albéniz.

  • El título original de este corpus pianístico es Iberia: 12 nouvelles “impressions” en quatre cahiers (12 nuevas impresiones en cuatro cuadernos). Parece que la primera ocasión en que se usó el término “Suite” anteponiéndose al original Iberia lo hizo Cecilio de Roda en su escrito La “Suite” Iberia incorporado en los programas de conciertos (Sociedad Madrileña 1911–1913). El vocablo suite aparece entrecomillado, de lo que podemos inferir que se trató inicialmente de un uso consciente probablemente con la intención de subrayar la colección de piezas que conformaba la obra. Esta terminología se extendió y es muy frecuente la invocación de la obra como Suite Iberia.
  • Albéniz tardó en componer el conjunto de las 12 piezas dos años y dos meses, iniciando la tarea en diciembre de 1905 y finalizando esta titánica labor en enero de 1908. La primera obra que compuso fue Evocación, pieza que aparece como pórtico de la colección y que tal vez por ello Albéniz la tituló en un primer momento Preludio, si bien en la primera impresión de la edición de Mutuelle en París ya constaba como Evocación. En cambio, la última pieza que compuso no fue Eritaña (obra que cierra el cuarto cuaderno): sería Jerez la última pieza en componer tras dudas entre diferentes opciones, descartando Navarra por ser en términos del propio autor “descaradamente populachera” y el proyecto de una hipotética Albufera sobre una jota.
  • La gestación de este corpus tuvo que conllevar múltiples modificaciones durante el proceso compositivo. Es interesante comprobar que Triana fue la primera de las obras acabadas del segundo cuaderno y Eritaña la segunda de las concluidas del cuarto cuaderno, si bien ambas figuran como piezas finales de los respectivos cuadernos, probablemente con una intención estratégica (en la primera edición del segundo cuaderno se mantenía el mismo orden que el de las fechas de composición: Triana, Almería y Rondeña. Igualmente es curiosa la modificación de algunos títulos como El Puerto (inicialmente Cádiz), la reseñada Evocación (en un primer pensamiento Preludio), Corpus Christi en Sevilla (Sevilla en un primer momento) o Eritaña (inicialmente titulada Macarena según ha conseguido descifrar Torres Mula).
  • Albéniz sentía gran malestar por las comparaciones que los críticos europeos hacían de su obra en relación a la música francesa y especialmente por llamarlo el “Debussy español”. Algunos musicólogos han expresado que desde Lavapiés (finalizada el 24 de noviembre de 1906) no volvió a utilizar la escala de tonos enteros tan característica del impresionismo francés como reacción ante las comparaciones permanentes.
  • Según Alfonso Albéniz, hijo del compositor, su padre siempre tenía un ejemplar de las Danzas españolas de GRanados encima del piano. W. A. Clark hace una reflexión interesante relacionada con esta circunstancia: “Tal vez la organización de Iberia de Albéniz, que consta también de cuatro libros de tres piezas cada uno, se inspirara en las Danzas españolas de Granados e incluso quizá la obra fuera concebida como un gesto de admiración hacia Granados”.
  • Albéniz compuso Iberia con la intención de que fuera Joaquín Malats el pianista que la estrenara: “Esta Iberia de mis pecados, la escribo esencialmente por ti y para ti y que el recuerdo del cariñoso amigo que en ti tengo y sobre todo, el recuerdo del maravilloso artista que eres, han inspirado esas páginas”. Sin embargo por diferentes cuestiones, a excepción de Triana la puesta en escena de los cuadernos fue llevada por Blanche Selva:
    • Primer cuaderno: 9 de mayo de 1906 en la sala Pleyel de París.
    • Segundo cuaderno: Triana es estrenada por Malats el 5 de noviembre de 1906 en el Teatro Principal de Barcelona, mientras que Rondeña* y Almería tuvieron su primera audición pública el 11 de septiembre de 1907 por Blanche Selva en San Juan de Luz.
    • Tercer cuaderno: fue estrenado nuevamente por Blanche Selva el 2 de enero de 1908 en la casa de la Princesa de Polignac en París.
    • Cuarto cuaderno: Málaga fue interpretada por primera vez en San Juan de Luz por Blanche Selva el 15 de septiembre de 1908. Finalmente el conjunto del cuarto cuaderno tuvo su primera audición pública el 9 de febrero de 1909 en el Salón de Otoño de la Sociedad Nacional de Música en París a cargo de la misma pianista.
  • La primera grabación discográfica integral de las 12 piezas de Iberia se registró en la Schola Cantorum de París en marzo de 1954, teniendo como intérprete a Leopoldo Querol con un piano Pleyel. Ducretet-Thomson fue el sello que realizó la grabación. Poco después llegaron los registros de José Echaniz, José Falgarona, Yvonne Loriod, Gino Gorini y la primera grabación realizada en España por el sello Hispavox en 1958 en la que la intérprete era nada menos que Alicia de Larrocha.
  • Sabemos que Albéniz dispuso de varios instrumentos a lo largo de su vida. A. Pérez Sánchez que ha abordado este apartado incluye (al margen de un piano vertical) tres pianos de cola: un Bechstein perteneciente a Money-Coutts y que tocaba en su etapa londinense (actualmente en el Museo Albéniz de Camprodon), un Érard (en nuestros días perdido y del que habló Blanche Selva) y un Rönisch alemán (actualmente en el Museo de la Música de Barcelona). Gracias al comentario de Blanche Selva: sabemos que el Érard se encontraba en casa de Albéniz en el momento de composición de Iberia: “El jueves comí en casa de Albéniz con Dukas; le toqué sus piezas muy mal; su piano es un Érard que detesto y él cierra la tapa y le instala un atril tan alto al gusto de Dukas que al girar las páginas me ha despistado, y ha hecho que no pudiera tocar las piezas como las sabía”.

También podéis leer Albéniz y la Suite Iberia para profundizar en la trayectoria del compositor y especialmente en torno a su obra capital.

El piano y el amor (reto 10)

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No soy tan conocida como Alma Mahler o como Cosima Wagner. Nací en España y me enamoré en Estados Unidos de un compositor ruso con el que me casé. Lo dejé todo, abandonando la Europa libre para regresar a su Rusia natal, un Estado inhóspito en el que incluso fui llevada a un campo de concentración. Algunos amores han sido más conocidos: siempre me llamó la atención la anécdota que un compositor tuvo con su primera esposa, disfrazándola de hombre para que cantara en un coro exclusivamente masculino. La pobre chica murió muy joven y dejó a su primo tristísimo, aunque poco tiempo después volvió a contraer nupcias para casarse con una mujer que todos recordamos por un librito de partituras escrito por el compositor en cuestión. Pero todas las historias no son tan claras y hay cartas con destinatarias aún incógnitas, incluso cuando fueron escritas en 1812.

El romanticismo fue fecundo en grandes amores. El compositor en el que pienso tuvo dos grandes relaciones y aún así nunca se casó. Ambas señoras fueron aristócratas: la primera condesa y la segunda princesa. La primera relación se inició en París y después fue viajera (como el compositor). Y la segunda nunca pudo consolidarse, ya que cuando se había alcanzado el permiso papal finalmente hubo una prohibición. ¡A mí me enviaron a los campos y a ella le proibieron, también los rusos, que se casara! Otro compositor nacido un año antes mantuvo una tormentosa historia de amor con una novelista conocida por su pseudónimo masculino. Pero la historia más apasionante fue la protagonizada por aquel otro que se enamoró de la hija de su profesor.

Las últimas historias mencionadas necesitan pocas aclaraciones, tal vez las próximas sean más difíciles. ¡Pobre chica que intentó suicidarse disparándose! El marido no actuó muy bien con ella: le envió una carta diciéndole que la relación conyugal había terminado. El compositor ya había comenzado una nueva relación con una cantante, musa anteriormente de otro compositor. Los dos nuevos tortolitos se casarían y tuvieron una hija a la que el compositor dedicó un librito con seis piezas. Para terminar citaré la historia que tristemente terminó en 1916 en medio del Canal de la Mancha y de la que tanto se ha hablado. Y aquella otra que arrancó en los años 40 del siglo XX. Ella era pianista y se presentaba a un concurso; él compositor que formaba parte del jurado. ¡Toda una historia! Ella de nombre Carmen y él … ahora me callo para que callado quede este amor hasta que tú lo reveles.

Levantemos ahora el silencio:

  • ¿Quién soy?
  • ¿De qué compositor ruso me enamoré?
  • ¿Quién se disfrazó de hombre para participar en un coro masculino?
  • ¿Con qué compositor se casó la disfrazada?
  • ¿Quién fue su segunda esposa y de qué librito de partituras hablamos?
  • ¿Qué carta se escribió en 1812 y quién la redactó?
  • ¿Qué compositor con dos relaciones nunca se casó?
  • ¿Qué condesa conoció en París?
  • ¿Y la princesa rusa con la que a última hora no pudo casarse?
  • ¿Por qué no pudo casarse con ella?
  • ¿Qué compositor se enamoró de una novelista con pseudónimo masculino?
  • ¿Quién era la novelista?
  • ¿Qué compositor se enamoró perdidamente de la hija de su profesor?
  • ¿Qué compositor tiene que ver con la esposa que intentó suicidarse?
  • ¿Cuál fue la segunda esposa de este compositor?
  • ¿Qué otro compositor había mantenido una relación sentimental con esta última?
  • ¿Quiénes perdieron la vida en mitad del Canal en 1916?
  • ¿Quién es Carmen? ¿Y el compositor del que callamos el nombre?

El piano y la guerra (reto 9)

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El pianista leridano estrenó mis cuatro piezas en 1909 en París. Albéniz me ayudó a que llegara a Francia gracias a una beca que el rey de España me concedió. En aquella jornada memorable junto a mis cuatro piezas también se estrenó el Gaspard de la nuit. Pero mi relación con el pianista leridano no quedó aquí: en esos años compuse una obra con participación orquestal que estaba destinada a que él la estrenara. Finalmente las cosas cambiaron y el estreno tuvo lugar el 9 de abril de 1916 en el Teatro Real de Madrid bajo la dirección de Enrique Fernández Arbós y corrió a cargo de un joven pianista gaditano.

Unos años más tarde (en 1919) compuse por encargo una obra muy vinculada al flamenco. No fue el único encargo que este otro pianista hizo en esos años. La verdad es que a consecuencia de la guerra estábamos pasándolo bastante mal y no teníamos apenas salida artística. Pero la guerra había tenido consecuencias para todos y para algunos mucho más grave: por ejemplo lo que le ocurrió al pianista austriaco que le truncó la carrera y para el que un compositor francés nacido un año antes que yo le compuso un concierto muy particular. Y otro suceso de guerra fue trágico para la música española, sí, en 1916. ¡Qué horror y qué casualidades! Precisamente el pianista extranjero que me encargó una obra estaba dando conciertos en Barcelona cuando llegó la noticia de la tragedia a España.

Te dejo estas preguntas para que las indagues un poco:

  • ¿Quién soy?
  • ¿De qué pianista leridano estoy hablando?
  • ¿Qué cuatro piezas mías para piano estrenó en 1909?
  • ¿Qué obra para piano con participación orquestal iba a estrenar?
  • ¿Qué pianista gaditano la estrenó finalmente en 1916?
  • ¿Qué obra de mi catálogo (muy vinculada con el flamenco) me encargaron unos años más tarde?
  • ¿Qué pianista me la solicitó?
  • ¿A qué otro compositor ruso le hizo un encargo?
  • ¿Qué pianista austriaco tuvo un importante problema de guerra?
  • ¿Qué obra le compuso un compositor francés nacido un año antes que yo?
  • ¿Qué tragedia musical relacionada con la gran guerra ocurrió en 1916?